viernes, 22 de agosto de 2008

Dos libros de muerte



Me los terminé en la misma semana. En ninguno de los dos la muerte es una sorpresa. Se anuncia desde la primera página, no, no, mucho antes desde que acaricias el lomo en la librería. Dos libros, dos muertes, muy distintas eso sí.

Amarillo deambula entre el recuerdo, la culpa y la reconstrucción de una vida, que se consumió pronto. O tarde, quién sabe. Porque como el autor se encarga de recordarnos a lo largo del libro, esto no es una biografía. El suicidio hace 15 años de un amigo del autor es el pistoletazo de salida a este álbum de recuerdos, uno de esos que todos tenemos encima del armario, así que sopla el polvo de las cubiertas y abre sus páginas para descubrir esta acumulación de cartas, recortes de periódico y notas autografiadas. Romeo salvo algunos párrafos monótonos y reiterativos parece sincero en su deseo de ventilar ciertos rincones enmohecidos de su memoria. Hay cierto "malditismo", cierta nostalgia, pero también algo de ternura. Me recuerda mucho a El Angel Simón cancioncilla de Nacho Vegas (al que pronto le dedicaremos un post-conjunto). Yo al leerlo no he podido evitar acordarme de algunos viejos amigos y escarbar un poco más profundo en las trampas de la memoria.

El olvido que seremos es harina de otro costal. El autor nos habla de su padre, un médico colombiano que vivió (y murió), por defender sus ideas, la justicia y la igualdad social. Casi ná. En el fondo, el libro recorre la historia reciente de Colombia, por allí pasan gobiernos corruptos, universidades revolucionarias, una clase acomodada que se ven entre el dilema de mirar a otro lado o involucrarse y perder sus privilegios, los paramilitares, la coacción, el miedo, la esperanza… Un hijo hablando de un padre maravilloso desde sus primeros recuerdos de la infancia puede parecer un pastelón, pero no lo es gracias a algunas aristas que el hijo, afortunadamente, deja entrever. Y nada más, que os lo leáis y después hablamos. Aunque que nadie sienta complejo si su padre no se encerraba a escuchar música clásica cuando tenía el día torcido ni pasaba sus ratos libres cuidando con desvelo un pequeño jardín de rosas.

Yo desde el día que me los leí tengo un poco el síndrome de mirarlotodoconotrosojos, los síntomas son variados, pero básicamente serían, ir por la calle saludando incluso a gente que no conoces, tener muy presente que sonreír es gratis, fluir (bueno, intentarlo), no venir a cuento y contarlo, abandonar el centro del mundo, escuchar más. etcétera. Y así me va que entro en las tiendas, salgo de los bares, paso por los bancos, corro frente a las catedrales, termino en una librería y compro a ciegas un libro solo por su portada. Al llegar a casa me tiro en la cama y leo (no sin asombro), que es la historia de un niño enfermo. Continuará.

2 comentarios:

Eleni dijo...

recuerdo fragmentos de amarillo (escritos por Chusé Izuel) que se me han quedado grabados (bueno casi teniendo en cuenta mi capacidad de retención)y quizás por algo de morbo el libro me enganchó muchísimo...
Y ya que va de libros y no puedo escribir posts pues hago mis recomendaciones desde este comentario y es que estoy emocionada con Galdós, ya, ya sé que lo que se dice actual no es, tengo que leerlo por razones escolares pero estoy encantada,hace unas descripciones de la sociedad y de la situación de España del fin del XIX que te dan ganas de leerlo todo, bueno y como no quiero ir de Sanchez Dragó, pues ya está a ver si se va a convertir esto en un blog literario...por cierto sólo he leído Miau y estoy en proceso de Fortunata y Jacinta (culebrón, culebrón)...así que sólo respondo por estos dos.
besos

Hembra Beta dijo...

15...Quince
Son los libros que tengo a mi vera y que según el estado de ánimo voy leyendo. Por supuesto que no todos a la vez pero últimamente sufro de "ansiedad literaria". Siento que he perdido muchísimos años haciendo "no sé el qué" y que me he perdido miles de líneas que estaban ahí, esperándome. Me sorprendo a mi misma "descubriendo" a Machado, y digo descubriendo y no re-descubriendo porque como ya he dicho no sé lo que he estado haciendo durante los 10 últimos años. Cada uno tiene sus momentos y los míos por supuesto que no han estado ajenos a los libros pero ahora es distinto. Además me muevo por impulsos y señales, al igual que todos diría yo (una portada, un nombre que se repite, una frase...).
Ah, y ya van 16 porque te acabo de robar "El olvido que seremos" de tu habitación. Ya sabes dónde encontrarlo ;o)